Para mis alumnos que se gradúan

Nuestras vidas están llenas de sacrificios: levantarnos todas las mañanas temprano para ir a la escuela o al trabajo; no ir a la fiesta porque tienes entrega final al día siguiente o porque tu hermanito se enfermó y alguien tiene que cuidarlo; dejar de comer chocolates para bajar de peso o la miriada de sacrificios que hacen nuestros  padres cada día para que tengamos una vida mejor.

Piensa en todos los sacrificios que haces día con día, desde el más divino hasta el más mundano. Quizá para estos momentos ya te sientas pesado, cargado de coraje por todo lo que te has perdido o todo lo que te falta sacrificar. O quizá no, quizá te sientes feliz y orgulloso porque todo ha sido por una buena causa: algo que rendirá buenos frutos en el futuro.  Y así será. ¿Recuerdan que siempre les dije que las palabras son mágicas? ¿Que tienen un poder sanador oculto si sabemos utilizarlas?

Pues hoy quisiera compartir con ustedes un pequeño acto de magia que tiene que ver con la palabra sacrificio. Por siglos, hemos vivido el sacrificio como un castigo; algo que nos causa dolor porque implica la pérdida de algo valioso. Permítanme quitarles un peso de encima. “Sacrificio” proviene de dos raíces latinas: “sacro” y  “facere”. “Sacro” significa sagrado y “facere” significa hacer: “hacer sagradas las cosas”, honrarlas, venerarlas, entregarlas al más alto bien. ¿Se sienten un poco más ligeros?  Esa es la belleza de conocer a fondo lo que hacemos —y lo que decimos.

El pasado 19 de septiembre se sacudieron nuestras vidas y, entre muchas otras emociones que me invadían, deseaba con ansias regresar a las aulas de esta universidad para reencontrarme con los rostros conocidos de mis alumnos y con sus almas transformadas. Tres semanas de hermosos sacrificios vividos como verdaderos actos sagrados transforman desde la raíz a cualquier ser humano.

Mucha gente dijo sorprenderse por la reacción de los millenials ante la tragedia, pero yo no. No me sorprende la acción que han tomado muchos de mis alumnos y exalumnos de esta institución —ustedes incluidos—. Muy por el contrario, me alegré de que el resto de la población constatara aquello de lo que he sido testigo durante los últimos años entre las paredes de estas aulas: que no sólo son chicos brillantes, talentosos, apasionados y exigentes con su trabajo sino que además, cuando es necesario, son capaces de ponerlo al servicio del que más lo necesita.

Y eso me llena de esperanza, la esperanza de saber que con una generación como la suya abriéndose al futuro, el mundo parece un lugar más habitable para todos.

Les deseo una vida plena, plagada de éxitos.

Gracias y buena suerte.

 

 

(Discurso recitado durante la ceremonia de graduación 
de Jannette Klein Generación 2017)

 

 

 

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