¿Te acuerdas?

¿Te acuerdas de Pancho, el hijo de Don Félix? ¿Del que decían que estaba loco desde chamaco y que a veces le ayudaba a papá con las pacas de alfalfa? Ese, al que le huían todas las muchachas porque una vez el Padre Serafín lo agarró masturbándose en el confesionario de Santa Rosa y ya de ahí no lo bajaron de pervertido.

¿Te acuerdas?

¿Te acuerdas que una vez vino Doña Martha corriendo bien asustada porque a Panchito se le habían puesto los ojos blancos y hablaba cosas del diablo? ¿Y que a los pocos días Doña Martha se murió y nadie supo por qué pero Pancho no paraba de hablar disparates y de señalar sombras en la nada?

Las mentadas sombras.

¿Te acuerdas?

A mí siempre me dio ñáñaras ese chamaco, por eso cuando se me acercaba, me tapaba la cara con lo que encontraba, no fuera a ser que me viera una sombra y yo también amaneciera muerta, así, sin saber ni por qué. Pero eso sí, lo tenía retebién vigilado.

En ese entonces, cuando pasó lo de Martita, yo le dije al sargento que algo había tenido que ver Pancho, que seguro se había puesto a jugar con sus mugrosas sombras, pero no me creyó y me mandó de regreso pa’mi casa, alegando que seguro ya se me habían quemado los frijoles. Me dijo que dejara de andar de argüendera, pero a mí se me quedaron Pancho y sus sombras rebotando en la cabeza por años. Ya ves que nací terca. Terca, pero no bruta. Así que, de bien lejos, pero le traía el ojo pegado al Pancho. Agazapada, muerta de miedo, me echaba entre la yerba con los binoculares que dejó papá hasta atrás de la repisa y, con la panza pegada al suelo, mientras los animales pastaban, yo me ponía a verlo hacer la mezcla para sus ladrillos. No escuchaba nada, pero ni falta que hacía. Pancho siempre estaba solo. Solito mezclaba, solito formaba los bloques y solito los metía al horno. Solo, solo menos cuando llegaba Don Félix con la comida. Entonces se sentaban cada uno en un banquito desvencijado de madera y se ponían a hacer tacos y a comérselos sin abrir la boca más que para dar los bocados. Luego se iba Don Félix. Pancho formaba los ladrillos y yo juntaba a los animales pa’llevármelos de vuelta.

¿Te acuerdas de esa película en la que a una mujer le giraba la cabeza porque la había poseído el diablo?

Pues yo digo que hoy a Pancho se le metió ese mismito chamuco. Yo lo vi. Vi cómo se jalaba los pelos y cómo, en vez de usar el azadón para mezclar el barro, daba palos de ciego y, discutía con alguien a gritos, con alguien que no estaba. Pero se ve que le contestaban de vuelta porque se llevaba, desesperado, las manos a los oídos. Y yo digo que la cosa sólo hubiera acabado con un montón de ladrillos rotos si Don Félix no hubiera llegado con la comida.

Y yo ya estaba tan asustada que ya ni quería seguir viendo y me quería ir pa’mi casa, volada, pero me daba miedo alzar la cabeza. Qué tal que Pancho o el chamuco me veían y se me venían encima. Y los animales ya estaban todos desperdigados, pero yo no me movía ni pa’ quitarme los méndigos binoculares de los ojos porque no podía despegarle la mirada al loco de Pancho.

Pensé que Don Félix lograría calmarlo y que, tras hacerle un par de reclamos, se sentarían a comer entre los pedazos rotos de ladrillo recién cocido, pero quién sabe qué le habrá dicho Don Félix o qué le habrá visto el chamaco al anciano, que Pancho volvió a ponerse como energúmeno, levantando el azadón por los aires y volándole la tapa de los sesos a su padre.

¿Te acuerdas que Papá nos decía que esos azadones eran de cuidado?

Ojalá hubiera sido valiente para levantarme y echarme a correr, o para, al menos, desenfocar los binoculares y así no ver cómo Pancho se inclinó sobre el cuerpo sin vida de su padre y comenzó a lamer la sangre que le escurría por entre los ojos y las orejas, para luego, como un animal carroñero, meter la cara en el cráneo del anciano y devorarle los sesos.

Vomité sin moverme. Perdí los binoculares entre la yerba, pero logré ponerme en pie y llegar hasta aquí.

A ti sí te creerán. Vamos.

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Cuento basado en la historia del asesino Francisco Maldonado García, apodado “El vampiro michoacano”.

Sígueme en twitter  @monbonfil

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