De calabozos, piedritas y laberintos

Se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato.

Tenía diecisiete años y devoraba libros como troglodita pero, estudiando en una escuela de monjas al norte de la ciudad de México, no había mucha gente que pudiera encausar mi sed literaria hacia el vasto mar de obras y autores que, al entrar a la universidad, inundaron mis ojos y mis libreros.  Un día alguien que me dijo:  “Existe un libro que se lee de muchas formas: de corrido, brincando como te indica el autor o como tú quieras.” De inmediato, recordé mis lecturas infantiles de Dungeons & Dragons que, bajo el lema “Crea tu propia aventura”, te hacían brincar de una página a otra, dándote distintas opciones dentro de la misma trama.

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Aún conservo éste.

Rayuela sonaba a que iba a ser toda una aventura.

La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo.

Aún recuerdo la primera vez que lo tuve entre mis manos. Lo hojeé y me dispuse a leerlo de principio a fin sin saltarme ni una sola página. Tiempo después, lo releí siguiendo el tablero que propone Cortázar y luego, muchas muchas veces, he vuelto a él por capítulos, hojas o palabras sueltas.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios (…) 

Cortázar con su capítulo siete, me dio esta lección que, una vez leída y recitada, el amor no vuelve a ser el mismo de antes de que los amantes fueran cíclopes con la boca llena de flores o de peces.  Y cada vez que lo leo, siento que Rayuela está hecho de una materia que se incrusta en el corazón, que se mete hasta dentro; su poesía es arrastrada por lo largo y ancho del torrente sanguíneo, llenando el cuerpo con las infinitas posibilidades que contiene entre sus páginas y tú, lector, sientes el universo de La Maga, París y Oliveira como tejido por tus propios dedos.

Han pasado casi veinte años de mi primer encuentro con Rayuela pero hace poco volví a tener la sensación de una aventura similar ante mis ojos gracias a la Maestra Gabriela Damián, para quien hice un análisis de la obra de Mark Z. Danielewski, House of Leaves.

Al tenerlo entre mis manos, reviví aquel momento de infancia en el que las hojas entre dos tapas duras anunciaban un ir y venir de palabras que yo, junto con el autor, volvería historia.

Así como es difícil describir de forma simple la narrativa de Rayuela, tratar de decir de qué trata House of Leaves es una tarea compleja por el número de tramas que encierra. Pero principalmente, narra la historia de cómo Johnny Truant, después de encontrar el manuscrito inacabado de un libro en el departamento de Zàmpano –un viejo ciego– hace todo por publicarlo. La historia es como un laberinto que se va abriendo, bifurcándose hacia otras narrativas, escritas con distintos estilos que incluyen narrativa epistolar, parodia de textos académicos, crítica cinematográfica y poesía. Danielewski confronta a los personajes con sus miedos más profundos y lleva al lector en un viaje que incluye  una casa embrujada, un hospital psiquiátrico, una cabina de tatuajes, una maquiladora de pescado en Alaska y una departamento con las ventanas tapiadas.

La influencia de Cortázar en Danielewski es evidente, sobre todo en la parte estructural, mientras que Borges inunda su discurso, brindándole una gran profundidad.  El tan solo hojearlo nos introduce a una experiencia lúdica que, ya iniciada la lectura, se transforma en el recorrido de un laberinto, en ocasiones asfixiante, del que, si sales, necesitarás un tiempo antes de poder entender qué fue lo que ocurrió dentro de esas 709 páginas.

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